
Duración total: media jornada
Distancia: Medinaceli – Laguna de Judes 43 km
Medio de transporte: Coche

El aire fresco de la mañana me envuelve mientras dejo atrás las piedras centenarias de Medinaceli. Hoy no hay prisas ni asfalto; el camino me llama con el susurro del agua escondida. Respiro hondo y emprendo la marcha, dispuesto a descubrir un paisaje que guarda secretos en cada curva.
Sigo la antigua N-II, que serpentea entre las gargantas del Jalón. En un recodo, veo un grupo de escaladores preparándose para ascender por las rocas, una escena que me deja admirado por la destreza con la que enfrentan el terreno. En Arcos de Jalón, me detengo ante la imponente locomotora Mikado, una de las últimas de su tipo en España.
En mi mente, imagino el suave silbido del vapor elevándose, como lo hacía antaño, mientras una nube de humo se dispersa en el aire. Hoy, la Mikado reposa en silencio, inmóvil sobre la antigua placa giratoria, pero su presencia aún impone respeto. Su figura remite al pasado ferroviario de la zona, y los visitantes no pierden la oportunidad de fotografiarse junto a ella.
Continúo por la carretera SO-P-3008, y a medida que el paisaje cambia, las primeras sabinas albares, algunas centenarias, aparecen en el horizonte, señalando que Chaorna está cerca. Al llegar, el tiempo parece haberse detenido; sus casas de piedra se adaptan a la ladera de la montaña, y sus calles estrechas y tejados envejecidos parecen conservar el eco de otro tiempo.
El silencio solo se rompe con el sonido del viento imperturbable. El tiempo aquí parece haberse detenido. La atmósfera de este lugar recuerda a las descripciones de Azorín, ese encanto sereno y nostálgico de los pueblos castellanos.
Doy un paseo sin rumbo por el pueblo, dejándome llevar por sus callejuelas tranquilas, hasta alcanzar la antigua atalaya que corona el lugar. Desde allí, las vistas son sobrecogedoras: el valle se abre en silencio bajo mis pies, y el viento parece contar historias olvidadas. Muy cerca, un curioso mirador con un balcón revestido en trencadís ofrece otra perspectiva, artística y singular, del entorno. Es imposible no detenerse, respirar hondo y dejarse envolver por la quietud de Chaorna.
Desde aquí, sigo por la carretera hacia Judes, adentrándome en la Sierra de Solorio. A unos 600 m. antes de Judes tomo una pista a la derecha y, tras unos 3,5 km, llego a la Laguna de Judes, una joya kárstica cuyo nivel depende de los ciclos del acuífero. A veces está plena de agua; otras, se retrae lentamente, dejando al descubierto su lecho agrietado.
Hoy, la laguna se muestra serena, apenas alterada por el vuelo de aves y el suave remo de unos niños en una barca. Me quedo en silencio, dejando que el paisaje hable por sí mismo.
La zona de los sabinares, entre Chaorna y Judes, es especialmente adecuada para el birdwatching*, siendo un lugar ideal tanto para el disfrute familiar como para los aficionados a esta actividad en plena naturaleza.
Tras volver a Medinaceli, disfruto una ración de picadillo, cuyo aroma y sabor intenso dan el broche de oro a la jornada.
Notas: Podrías acercarte a Judes y, desde allí, regalarte una caminata de 4 km hasta la laguna, disfrutando del paisaje y del aire libre.


