
Medinaceli – Yacimientos de Ambrona y de Castilviejo
Duración total: media jornada
Distancia: Medinaceli – Ambrona 12 km
Total ruta sin atajos 79 km
Medio de transporte: Coche

Arranco el coche y tomo la SO-132. La carretera serpentea entre paisajes que invitan a perderse: campos verdes y dorados bajo un cielo abierto. El suave rodar del coche nos sumerge en la tranquilidad del entorno rural. Poco antes de Miño de Medinaceli, un desvío me guía hacia Ambrona, una vez atravieso el pueblo, a menos de un kilómetro, un panel me desvía hacia el yacimiento.
En este lugar puedes ver los restos de elefantes prehistóricos exactamente como fueron descubiertos por los arqueólogos, una imagen fiel del pasado conservada in situ. La visita se completa con un pequeño museo que expone fósiles y herramientas de piedra hallados en el yacimiento, ofreciendo una visión clara de cómo era la vida en este entorno hace 300.000 años.
Tras la visita, me dirijo hacia Torralba y, en dirección Sigüenza, al llegar a Horna, surge la duda: ¿tomar un camino a la izquierda y llegar en 3 km a Cubillas del Pinar? Es un atajo tentador, pero incierto; su estado puede variar, sobre todo tras lluvias. Por precaución, continúo por la carretera principal. Justo al llegar a Sigüenza, me desvío hacia Guijosa, donde hago una parada obligada para contemplar su castillo, altivo sobre el paisaje.
Sigo por la carretera y, a 2 km, está el yacimiento. Comienza la aventura: un sendero con fuerte desnivel de unos 40 m —mejor con bastón y calzado adecuado— me lleva hasta lo alto del cerro, donde aguardan los restos del antiguo asentamiento.
El yacimiento de Castilviejo conserva restos de un asentamiento celtibérico de la Edad del Hierro, donde aún pueden verse estructuras defensivas como murallas y un sistema de chevaux-de-frise. Entre sus ruinas se aprecian restos de viviendas, todo ello en un entorno natural.
Esta experiencia me ha impresionado. Primero, la subida: corta pero exigente, con tramos pedregosos que obligan a mirar bien por dónde se pisa. Después, al llegar arriba, el sistema de chevaux-de-frise, me ha impactado descubrirlo.
Por un momento, al contemplarlo, me ha recordado a un cementerio militar estadounidense: ordenado, inquietante, cargado de simbolismo. Y, por si fuera poco, desde lo alto del cerro se abren unas vistas panorámicas espectaculares, que invitan a detenerse, respirar hondo y pensar en todo lo que este lugar ha presenciado a lo largo de los siglos.
Tras un rato recorriendo el yacimiento y dejándome llevar por el silencio del entorno, emprendo el descenso con cuidado. Todavía con la imagen de las piedras defensivas en la mente, continúo por la GU-125 hasta la CM-110; un desvío a Sauca me invita a ver su iglesia románica. Ya de regreso a Medinaceli por la A-2, tengo la sensación de haber recorrido siglos de historia.
Notas:
Si ha llovido recientemente, evita la visita a Castilviejo. La subida será realmente complicada con barro.
Llevar calzado cómodo y antideslizante.
Una botella de agua y una gorra te vendrán bien.



