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Medinaceli – Deshabitados Avenales y Lomeda

Duración total: media jornada

Distancia: Medinaceli – Avenales 20,5 km

Velilla a Lomeda: 3 km

Medio de transporte: Coche y caminata

Hoy madrugo para aprovechar la mañana. He planificado esta ruta como un paseo educativo y familiar: una forma de descubrir un paisaje que en la ciudad no existe, lleno de historia, silencio y memoria. Será un recorrido corto, accesible en coche y caminando, con la emoción de acercarse a pueblos deshabitados que aún conservan su huella en muros y corrales.

Desde Medinaceli desciendo por la antigua N-II, entre las gargantas del Jalón y sus paredones rojizos. En lo alto, los buitres planean en silencio sobre este territorio casi deshabitado. Un desvío a la derecha lleva a Velilla. Cruzamos el pueblo y, en la bifurcación, tomamos la izquierda, junto a una gran cruz y un banco. La pista continúa hacia Avenales y, a medida que avanzamos, el despoblado comienza a aparecer a la izquierda. Tras unos 2,7 km, llegamos a sus inmediaciones, aunque no es posible acceder en coche.

Apenas queda ninguna casa en pie; solo algunos muros y corrales resisten, guardando la memoria del pequeño caserío que un día vivió aquí. Caminar entre estas ruinas es adentrarse en un silencio profundo, en un aislamiento casi sobrecogedor.

De vuelta en Velilla dejo el coche junto al lavadero restaurado. El pueblo me recibe tranquilo, sin bares ni tiendas, acompañado solo por el rumor constante del agua. Estamos en pleno corazón de la llamada “Laponia española”, donde la despoblación marca con crudeza el contraste entre lo que fue y lo que queda.

Desde aquí emprendo la caminata hacia Lomeda, a unos 3 km por un camino de tierra. El camino parte junto al lavadero, dejando a la izquierda una pequeña zona de recreo vallada, fácil de identificar. A los pocos minutos aparece un cruce; basta con continuar por el camino que sigue de frente. El recorrido avanza con suaves curvas y un ligero ascenso; al alcanzar la parte alta, el terreno cambia y deja de ser transitable en un coche normal. Desde aquí, solo a pie. Desde ese punto, el camino desciende suavemente hacia Lomeda.

El paseo invita a avanzar despacio y dejarse envolver por el silencio del valle, apenas roto por el vuelo de aves en la distancia.

Antes de llegar, el camino se desvía hacia un pequeño alto. Allí se encuentra Lomeda, con una peculiaridad poco común: su trazado cuadrado, con las ruinas rodeando lo que fue la plaza del pueblo. Sus habitantes, quiñoneros, pagaban una renta a la marquesa de La Lapilla. El lugar quedó despoblado en los años 60.

Regresamos a Medinaceli tras visitar Avenales y Lomeda. Entre ruinas, recuerdos y el silencio que envuelve el paisaje, estos pueblos olvidados nos muestran la memoria y la belleza que persisten frente al olvido.

Notas: Si tienes tiempo, puedes acercarte a la Chorronera y completar la ruta Sorbito de Agua

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