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Medinaceli – Monteagudo – Embalse

Duración total: media jornada

Distancia: Medinaceli – Monteagudo 45 km + 4 km embalse

Medio de transporte: Coche

Tras un almuerzo en el que la trufa negra de Soria se convierte en la protagonista, su aroma profundo y terroso impregna el inicio del camino. Este diamante gastronómico, oculto bajo las encinas de estas tierras, transforma cada plato en una experiencia única, un lujo inesperado en la sobria belleza soriana.

Saliendo de Medinaceli, tomas la autovía del Nordeste dirección a Zaragoza. La dejas en la salida 186 y coges la A-116.

A medida que avanzas, pasas de Castilla a Aragón y, casi sin darte cuenta, regresas a Castilla, como si los límites entre los reinos fueran más una ilusión que una realidad.

A tu izquierda verás: el castillo de la raya o torre de Martín González y la Ermita de la Virgen de la Torre, testigo de antiguas disputas entre los reinos de Castilla y Aragón. Se cuenta que el altar le pertenecía a Aragón y el coro a Castilla, lo que dio origen al famoso dicho local: «En esta ermita, cuando se canta misa en Aragón, se escucha en Castilla”.

Al llegar a Monteagudo de las Vicarías, me sorprende descubrir que este pueblo está catalogado como uno de los más bonitos de España. Su encanto medieval se refleja en cada rincón, y al introducirme por la Puerta de la Villa, una de las joyas de la antigua muralla, siento que estoy cruzando un umbral hacia otro tiempo.

 

La calle del Circo, una vía cargada de historia que antaño fue conocida como la calle de la Judería, me invita a explorar. A medida que avanzo, llego al castillo, cuya torre del homenaje de planta octogonal se alza majestuosa, destacando por su arquitectura defensiva. Junto a él, la Iglesia de Nuestra Señora de la Muela, con su arquitectura gótica sencilla, resalta por su belleza austera y su perfecta armonía con el entorno. Monteagudo, con su aire tranquilo y su historia palpable, es un lugar perfecto para viajar al pasado y vivir su esencia medieval.

Antes de regresar a Medinaceli, decido acercarme al Embalse de Monteagudo, situado a unos 4 km del pueblo, un lugar tranquilo perfecto para la observación de aves. Con sus aguas serenas y su entorno natural bien conservado, es ideal para ver especies como el zampullín cuellinegro, el pato colorado y, en época de migración, aves como la garza imperial o las majestuosas grullas, cuyo inconfundible sonido resuena en el paisaje.

 

 

Además, el entorno permite dar un agradable paseo alrededor del embalse, un recorrido sencillo y accesible, perfecto para disfrutar en familia mientras se contemplan los reflejos del cielo en el agua y la vida que lo rodea. La quietud del lugar invita a detenerse, observar y dejarse llevar por la calma. Un auténtico remanso de paz donde la naturaleza se muestra en su máxima expresión.

 

Después de disfrutar de la calma del embalse, deshago el camino de vuelta a Medinaceli, con la sensación de paz que acompaña el final de esta ruta.

Notas: Si hay barro, cuidado con meter el coche alrededor del embalse.

No es posible dar la vuelta completa al embalse. Los caminos de ambos lados no están conectados..

Aventuras Medievales por Medinaceli
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